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Full text of "Caras y caretas n12 5 10 1890"

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MONTEVIDEO Y DEPARTAMENTOS 

Un mes.. g 1.00 

Seta meses ,♦..***-■► » 5*00 
Un aíio ..* ■ * 0.00 

EXTERIOR 

Loe mi sin os precios, en moneda equival en te, con 
el aumento del frannnao. 

Número corriente, 30 centesimos 
* atrasado, ftO * 


No ha tenido jamás Montevideo, 
un hombre de color mas guapo y listo 
que el Negro de Uemuulez, según creo. 

¡ Bien puede Su Excelencia darse pisto, 
teniendo á Timoteo 

de Jefe en Treinta y Tres! (La edad de Cristo) 


HF, PUBLICA LON 


L.b£ CERRO '^MaS 


IMP. LlT, LA RAZON CA 


© Biblioteca Nacional de España 


CARICATURAS CONTEMPORÁNEAS 


WASHINGTON P, BERMUDEZ 





90 


CARAS Y CARETAS 



¿Acaso carecen de ella los señores represen¬ 
tantes que tenían la palabra en esas sesiones? 

¡No se comprende ese empeño porque fueran 
públicas, después del fracaso que han sufrido 
con ese papel ios accionistas de la Compañía 
Nacional. 

A pesar de la reserva, ya se sabe lo que se 
trató en aquellas sesiones y no hay razón para 
seguir vociferando contra ellas. 

¡Poquito que han satisfecho al pueblo los 
proyectos que tas motivaron i 

Ayer se i rotaba las manos de gusto un chan¬ 
gador, mientras le decía áun compañero: 

—¿Sabes la gran noticia? Hermano, esta vez 
sí que nos hacemos ricos. ¡Vaya un Gobierno 
protector de las clases trabajadoras! 

—Pero, chico ¿qué noticia es esa? 

—Pues ahí es nada! Que van á aumentar las 
cargas. 


de existir, ya valiéndose de armas de fuego* ya 
de fuego sin armas, ora de navaja, ora de puñal. 

La verdadera causa de esa aversión á la vida 
que se observa en la gente, do algún tiempo á 
esta parte, no está bien explicada. 

Algunos enemigos del gobierno creen que 
tiene su origen en el descubrimiento de la 
menta especial del Banco; otros que en los as¬ 
censos militares, y los más, que en la mala re¬ 
dacción del Mensaje. 

Pero tratándose de opiniones vertidas por 
personas no afectas al Gobierno, como lie di¬ 
cho, no pueden tomarse en consideración. 

Tampoco puede atribuirse á dificultades 
que ofrezca el país para la vida, parque precisa¬ 
mente no hay otro que tenga más atractivos 
que este. 

Se gana todo el dinero que se quiere, sin casi 
otra molestia que la de tenerlo que cobrar. 

Se disfruta de una temperatura suave é 
igual en todas las estaciones, incluso las de 
los tramvías y ferro-carriles. 

Se tienen todo género de diversiones á pre¬ 
cios reducidísimos. 

tíe vive en casas suntuosas, poco menos 
que de valde y á pagar cuando convenga, 

Y, finalmente, se dispone de un Gobierno 
bonachón, de una Cámara de Senadores inca¬ 
paz de hacer daño á nadie, y (menos al Gobier¬ 
no), y de 69 diputados. 

Lo único malo que tenemos es el papel del 
Banco Nacional y para eso, ya se sabe que en 
Enero, sin falta, nos lo convertirán á oro y 
quizá nos dén un jamón encima* 


Testo— *Zig-Zag* r por Eustaquio Pellícer — * Presen La- 
don», por Parico Mangúela—*ilondlogo polí¬ 
tico*, por Juun Mo «Por seguir á no galgo», 
(Terminación del Capítulo Vil}, por Ricardo 
Usher Blanco—es imposible», r or Cano— 
«La educación*, por M. C- —«Para ellas», por Ma¬ 
dama Polis son—«Lo que tengo *, por Alfredo 
Varzi—«Teatros», por CaLibau—«En secreto», por 
Juan Monga — Menudencias — Correspondencia 
partí en lar—Eape u tá cu Lo s—A visos. 

Gr a í jados.— Washington P. Rer mudez.—D, Eugenio Raíz 
Zorrilla. — D. Juan G. Buela. —Discurso breve, 
pero cpnuiüvedor.—Y varios, intercalados en el 
texto y avisos, por Sehülz. 


Monseñor Trazusta, portador de i a terna que 
ha de proveer nuestro Obispado llegó á Boma, 
según dicen, y se presentó á ¡Su Santidad. 

Como es casi seguro que el Padre Santo le 
pedirla noticias de este país, habrán hecho eco 
en el Vaticano las palabras imonver&ion , cum¬ 
ia especial , Ohes , y otras muchas, vertidas al 
latín. 

¡Que dulce debe ser el relato de una calami¬ 
dad pública en esa lengua! 

Eso Je decía ayer á. uno y me sostenía que el 
idioma más dulce para esas cosas era ol francés. 

Lo creería si no supiera que el sujeto en 
cuestión es afrancesado en todo, solo por haber 
oido decir que es muy chic , pues ni 
conoce Francia ni posee el idioma 
¡Qué lia de poseerlo! 

Con un solo dato que les dé, se con¬ 
vencerán de ello. 

¡Ayer, se atrevió á negarme que al 
Papa" so le llama en francés Poms de 
¿erre! 

Eustaquio Pellícer 


¡7 No he visto nada mas exi- 
2 gente que ustedes, en maté¬ 
is ria de Mensajes. 

& ¿A qué viene criticar el di- 


y rígido á las Cámaras con mo¬ 
tivo del proyecto para aumentar los diputados? 

¿Se figuran que un Ministro está obligado á 
escribir con propiedad y buen sentido? 

Están YV. en un error si así créen. 

No será ó vico para ser Ministro el 
tener talento, pero no es condición 
indispensable. 

Además en situaciones que no re¬ 
quieran esfuerzos de iniciati va, puede 
desearse,—nunca exigirse tampoco— 
que un Ministro se cuide algo de la 
forma y hasta del fondo, si lo permite 
el relleno de su cráneo, pero en las 
circunstancias presentes, en que 
nuestra única salvación depende del 
aumento de diputados, es ridículo y 
hasta criminal, inclusive, pretender 
que un Ministro proponga tamaño 
proyecto en términos que sean mas 
que traductibles al idioma del país. 

No hay progreso ni civilización po¬ 
sibles en un pueblo que se ocupe de 
estas frivolidades y si ustedes, como 
no dudo, quieren que el Uruguay lle¬ 
gue al nivel del país mas adelantado, 
es preciso que aprecien en su verda¬ 
dera esencia los proyectos de los hom¬ 
bres que nos gobiernan, haciendo caso 
omiso do la buena ó mala redacción 
do los Mensmes. 

Seria mucho mejor que el tiempo 
perdido en sacarle faltas á ese docu¬ 
mento cívico-económico le hubieran 
empleado en preparar un Te-Dmm 
para pedir á Dios que siga iluminan¬ 
do, como hasta aquí, esas cabezas men- 
saperas, colocadas sobre el tronco de los Secre¬ 
tarios de Estado. 

Y, á estos, desagraviarlos por medio de una 
manifestación, sin perjuicio del álbum que 
tan buenos resultados produce en esta clase de 
homenajes. 

¡Bien venidos sean los nuevos diputados! 

Ya tengo gana de verlos figurar en lista 
y por ójden mímerico, para ver á quien le 
toca hacer el 09. 

Seguramente que los maliciosos sacarán mu¬ 
cho partido de esta cifra, por tener dos gua¬ 
rismos iguales, presentados al revés* 

Entre otras cosas, puede que digan que la 
posición de esos números corresponde á la 
ae los cálculos que se han hecho con ellos* 

Poro no pasa de ser una malicia eso de pen¬ 
sar que el Gobierno calcula al revés. 

Calcula tan al derecho que padeciéndole po¬ 
co ese lado de los npgodos, se ha agarrado al 
derecho de exportación y al de Importación y 
á todos los que tenia derecho á agarrarse para 
hacer mayor la renta pública. 

No ha sido ambicioso, sin embargo, en la re¬ 
partición de derechos. 

A cambio de los que se toma, aumentados en 
la proporción que conviene á sus fines, le ha 
dejado al pueblo el derecho que legítimamente 
le corresponde. 

El del pataleo. 


D. Eugenio Euiz Zorrilla 

+ £5 SETIEMBPE 180Ü 


D. luán 6. Buela 

+ 1/ OCTUBRE 1890 


Presentación 


En menos de ana semana la muerte nos arrebató A dos sé res, que, puede 
§■;; decirse, simbolizaban la honradez, la laboriosidad y la inteligencia al ser- 
Ér vicio del trabajo honesto y de Jas ideas progresistas.— Don Eugenio Ruiz 
Zorrilla, español de nacionalidad, estaba intimamente vinculado al país, 
en el que formó su familia.— Fnó Director General del Registro Civil, llevó 
¡gf al terreno de la práctica el primer Censo que se ha hecho de la población 
pA y recientemente nabia abordado La colosal empresa de confeccionar el 
..A Anuario del Uruguay. 

■$; Don Juan G. Buela, fundador, propietario y Director de El Telégrafo 
íC Mar? tídecano de La prensa montevideaUfi—se sapo imponer al aprecio 
••••: de cuantos Je trataron, por bus excelentes prendas morales.—Bu vida con- 
íV densa un cauda) de trabajo, que solo á naturalezas privilegiadas y & espí- 
m fitus animosos, como el suyo, es dado resistir.Sírvan estos breves apuntes 
necrológicos, como humilde homenaje que dedica este periódico á la me- 
Db moría de esos dos abnegados obreros del progreso._ 


No hay nada, pues, que nos induzca á tomar 
resoluciones extremas y menos por ol procedi¬ 
miento feroz que empleó ese lotero francés que 
«después de suicidarse se arrojé por el balcón*, 
según dijo un diario* 

Hablando de este suicidio, describía un su¬ 
jeto, la navaja de que se valió ia víctima: 

—Era la hoja de cuatro dedos de ancha y 
curva—decía. 

—Peores que esa hoja so las han metido al 
Gobierno y no se ha muerto—le observó otro. 

—¿Cuáles? 

—Las hojas de servicio de algunos militares 
ascendidos* 


ÍUonólo^o 


Apropósitode militares* 

Se ha decretado una reforma en los uniformes 
de los oficiales* 

En voz de presilla, llevarán charreteras; en 
lugar de cinturón, faja; y la chaquetilla reem¬ 
plazará á la levita, en rió sé que casos* 

También se habla de unas bellotas que debe¬ 
rán llevar no sé donde* 

Me figuro que será en sitio no muy visi¬ 
ble, para no excitar la gula de mas de un su¬ 
perior de su propio instituto ó civil, que 
de cuatro mordiscos dejaría sin uniforme á 
la oficialidad* 


(Dteho per UNO SOLO pm que- la anchoa) 

Pues señor, loz malditos Maragatos, 
que en tiempos no remotos me adoraban, 
hoy se empeñan en darme malos ratos, 
yen probar que á h fuerza me aguantaban. 

¿Dónde están hoy los infinitos gatos 
que en torno de mi nombre retozaban? 

¡Tú me la has de pagar, récua do ingratos! 
¡Manchas asi, ya sé como se lavan! 

Yo conozco 3 a lógica gatera: 

—Sombra de Uta Santos no te asomes, 
pues me verás debajo de un Herrera,— 

A fuerza de jabón y piedra pómes, 
lavaré ese borren en mi carrera: 

¡Me ha vencido Don Lucas!**. ¡Lúeas Gómez! 

Juan Monga 


. Otra censura que encuentro injustificada es 
la que se ha hecho contra las Cámaras, con 
motivo do las sesiones secretas. 

¿Para qué hacia falta la barra? 


En esta semana, como en la anterior, hemos 
salido k trajeóla por día. 

No se oye hablar más que de jente que se deja 



© Biblioteca Nacional de España 





Al principio, mientras duró la lucha de su volun¬ 
tad con sus pensamientos, las ideas que se agolpaban 
á la mente de Aurora, se mezclaban y se confundían sin 
que ninguna alcanzara á desarrollarse por completo. 
En su afín por sustraerse á su influjo, la pobre joven 
hacía grandes esfuerzos para borrar de su memoria 
los recuerdos que la torturaban, empeñándose en sus¬ 
tituir las evocaciones dolorosos det pasado, por las 
visiones de un porvenir feliz, que su rebelde imagina¬ 
ción difícilmente le permitía concebir. Su situación 
era semejante á ¡a de esas personas mortificadas por 
una gran preocupación, que pretenden aparlarla de si, 
fijándose en ideas distintas de las que de continuo 
.as asaltan, sin comprender que, cuanto mayor sea 
el esfuerzo deplegado para combatirla^ mayor será 
la obsesión, una vez que desaparezcan las momentᬠ
neas confusiones mentales á que dé lugar la coexisten¬ 
cia de percepciones contradictorias, y se resiablezca 
la hilacion y el imperio exclusivo de los pensamien¬ 
tos dominantes* que no han podido ser desalojados. 
Algo asi era lo que le pasaba á Aurora. Creyendo 
que su voluntad sería bastante poderosa para sobre¬ 
ponerse á la inexplicable inclinación que trazaba 
rumbo á sus ideas* pugnaba con todas sus fuerzas 
por llevarlas á otro campo que no fuese la órbita li¬ 
mitada de la realidad, en que giraban invariable¬ 
mente. Pero sus esfuerzos no le daban otro resultado 
que ir estenuando poco á poco sus energías hasta 
agotarlas, á medida que la atracción que la arras¬ 
traba á recorrer todas las laces de su vida se hacia 
cada vez mas poderosa, adueñándose de su espíritu 
débil y fatigado. 

Vencidas las últimas resistencias, nada se opuso ya 
al libre juego de los pensamientos de Aurora, que 
fueron extendiéndose y aclarándose hasta establecer¬ 
se en sucesiones ordenadas. La imaginación que le 
habia faltado cuando la llamó en su ayuda, se empe¬ 
ñaba ahora en prestarle ¿us galas, para dar más vida 
y mas calor á los cuadros de sus miserias presentes 
y pasadas que desfilaban ante su vísta asombrada, al¬ 
ternándose á largos intervalos con dulces visiones 
que brillaban un momento y luego se desvanecían 
lentamente como rayos de luz perdidos en una in¬ 
mensidad de tinieblas. 

Cómo se agolpaban los recuerdos á su memoria! 
Con qué presteza acudían á su evocación, brotando 
simultáneos á veces, pero á poco haciéndose tugar y 
sucediéndose unos iras oíros en interminable cortejol 
Y con qué facilidad, como si estuviese dotada de un 
extraordinario poder de visión, se descorrían ante ella 
los velos que ocultaban su pasado, que otras voces, 
en dias serenos, le había sido imposible rasgar?—Ah! 
sí, se acordaba como sí lo tuviera presente" Ella era 
muy pequeñita, recien empezaba á hablar claro, cuan¬ 
do se embarcó para América con su madre y Ramón. 
Cuántos años habían pasado desde entonces! Al subir 
al vapor, un vapor grandísimo, inmenso, era ya casi de 
noche, y su pobre madre mirando por última vez 
aquellas playas que la habían visto nacer, testigos de 
sus alegrías y de sus tristezas, se había deshecho en 
llanto, bañándola con sus lágrimas al estrecharla con¬ 
tra su pecho en amorosos arrebatos, como si temiese 
que le arrebatasen la única prenda de cariño que le 
restaba. Pobre madre! casi lodo el viaje—mes y me¬ 
dio—se lo había pasado allá, en el fondo, del vapor, 
acostada en su cama, casi sin poder hablar ni dormir* 
horriblemente atormentada por el mareo que todavía 
le duraba cuando desembarcó en uno de los muelles 
de la Aduana. Allí encontraron á Andrés, Todavía re¬ 
sonaba en sus oídos el grito que dio su madre al re¬ 
conocerlo, Ella no sabia,—ojalá que no So hubiera sa¬ 
bido nunca—quien era aquel hombreque la besó repe¬ 
tidas veces, y que la tuvo de la mano todo el tiempo 
que anduvieron por las calles. 

Después, sus recuerdos se confundían un tanto. No 
conservaba idea clara de lo que había sucedido mien¬ 
tras estuvo con su madre y Ramón. Solo sí,—ah! eso 
no podía olvidársele—se acordaba de una tarde en 
que Andrés, que ya se lo tenia prometido varías veces, 
la llevó consigo con el pretexto de sacarla á paseo. 
Ella, con su vestidito nuevo, que el mismo Anarós le 
había regalado, salió de su casa contenta y confiada, 
sin saber que el beso que acababa de dar n su madre 
era el de la última despedida sobre la tierra.. 

Cómo había llorado los primeros dias de su reclu¬ 
sión en el colegio de las Hermanas de! Huerto! De 
noche se despertaba sobresaltada, á veces sonriente, 


CARAS y CARETAS 


creyendo oír una voz querida que ¡a llamaba, y sentir 
que unos labios se posaban sobre su frente con un 
beso, murmurando su nombre. En sus sueños infan¬ 
tiles le parecía que ya no estaba allí; que había 
vuelto á reunirse con su buena madre, á la que ha¬ 
blaba en alta voz, incorporada en su camita, hasta 
ue los pasos de la hermana vigilante, que se habia 
espertado al ruido de sus palabras, venían á sacarla 
de su dulce ilusión. Las buenas hermanas que estaban 
en el secreto, impuestas por Andrés,que había urdido 
muy bien su trama, le prodigaban solícitos cuidados, 
consolándola con la promesa, todos los dias repelida, 
de que muy pronto dejaría el colegio para volver á su 
casa. Pero, poco á poco, como todos los niños cuyas 
impresiones y cuyos dolores son siempre pasajeros, 
habia ido tranquilizándose, hasta que un día, ya ha¬ 
bituada á la vida del colegio, 3a superior a la llamó en 
una de las horas de recreo, cuando todas sus compa¬ 
ñeras— las pequeñas,—jugaban en e! jardín, y la llevó 
al locutorio para que hablase con un señor que quería 
verla. Allí estaba Andrés, á cuya sola vista, ella rom¬ 
pió á llorar amargamente, ahogándose en prolonga¬ 
dos sollozos, como si aquella cara conocida hubiese 
evocado de pronto á su memoria, todos sus recuerdos 
Infantiles, confundidos por el tiempo, entre los que 
se destacaba la imájen querida de su madre. Los ca¬ 
riños de Andrés y [as vagas respuestas que daba á las 
repetidas preguntas que ella le hacía, en medio de sus 
lágrimas, antes que para consolarla, servían para au¬ 
mentar su aflicción, porque, en su impaciencia de 
niña, queriendo que se Je dijese claramente lodo lo 
que deseaba, no la satisfacían Las contestaciones am¬ 
biguas que obtenía, cuyo sentido no alcanzaba á 
comprender, 

Al cabo de un momento,Andrés, sin duda impresio¬ 
nado por su Manto inconsolable, á pesar det temple de 
ánimo de que estaba dotado, y no atreviéndose á de¬ 
cirla él mismo el motivo de la visita, había llamado 
aparte á la superiora hablándola en voz baja algunos 
instantes; y luego, volviéndose hacia ella yairayéndo- 
la hacia si, la había besado en la frente al través de la 
reja del locutorio, alejándose en seguida ron pasos 
rápidos, como si estuviese impaciente por marcharse. 

La hermana superiora, enterada por Andrés de los 
graves sucesos que no se había atrevido á comunicar 
él mismo, tal vez porque la vista de su hija desperta¬ 
ba en su conciencia de malvado asomos de remordi¬ 
miento, la había conducido cariñosamente á su propía 
celda, donde, solas las dos, después de enjugarle las 
lágrimas y de exhortarla á la resignación con cristia¬ 
nas razones, poro inteligibles para su espíritu de ni- 
ñ;¿ : ron tono maternal y voz insegura, como quien no 
acierta á encontrar la forma de expresar su pensa¬ 
miento de una manera apropiada, entremezclando en 
su relato piadosas observaciones, le había referido 
las tristes nuevas traídas por Andrés. 

Su madre, su pobre madre, acababa de morir dedi¬ 
cándola su último suspiro y sus últimos pensamien¬ 
tos. Ya estaría en el cielo! Esto debía consolarla! 
¿Qué es morir cuando una vida de sufrimientos, la¬ 
vando todas las manchas ante ios ojos divinos, asegura 
la eterna bienaventuranza? Es alcanzar la felicidad 
que gozan los justos llamados á sí porel Señor, inmen- ' 
sa felicidad que no tiene parangón en los pasajeros 
goces terrenales. Que no debía afligirse tanto, lo decía 
la buena hermana,en suafan de consolarla. Y que algu¬ 
na vez, cuando Dios con su fallo celestial lo dispusiese, 
volvería á reunirse para toda la eternidad con la 
madre de su cariño, que siempre seguiría velando por 
ella desde el cielo, y elevaría allá arriba para apartar¬ 
la del mal, plegarias llenas de celestes armonías que 
el Todopoderoso aco^e con amor. Mientras tanto, 
allí quedaría confiada á los . cuidados de las hermanas 
del colegio. Así lo había dispuesto aquel buen señor, 
don Andrés, á quien su propia madre la recomendó al 
morir, rogándole con el acento entrecortado por las 
ansias de la muerte, que se encargase de educarla en 
las prácticas cristianas como st fuese hija suya, cosa 
á que él había accedido, respondiendo á la antigua 
amistad que lo ligaba á la familia de Aurora desde los 
tiempos ae su niñez. 

Ahí que doiorosa impresión le habían causado las 
palabras de la superiora! Durante mucho tiempo en 
los sueños de todas las noches, veia el cementerio* 
donde había estado una sola vez yendo de paseo con 
Ramón; aquel cementerio todo lleno de tumbas blan¬ 
cas, entre las que en vano se afanaba por encontrar 
una lápida en que estuviese escrito el dulce nom¬ 
bre de su madre. A veces, se le aparecían figu¬ 
ras de muerto que la miraban con ojos apagados, 
produciéndole estremecimientos de terror, y enton¬ 
ces, lanzando un grito, se despertaba sobresaltada, 
sintiendo chuchos de frió en todo el cuerpo, que no 
bastaban a quitarle las cobijas de su cama, con las i 
que se cubría la cabeza, para ver si conseguía apar- | 
lar las visiones que la atormentaban. 

« * . ■ 4 

Y allí, entre tas paredes del colegio deí que nunca 
salía, sin aire ní sol, como una de las pobres plantas 
que crecían en el jardín limitado por altos muros de 
ladrillo, de niña se convirtió en mujer. Allí, sola y 
retraída, entre tantas compañeras bulliciosas, que en 


91 


las horas de recreo llenaban el ambiente de risas so¬ 
noras* fué formando su carácter reservado y altivo, 
que se acentuó con enérgicos rasgos, cuando los es¬ 
tremecimientos de ía pubertad que agitaron su ser, 
como vagos anhelos de cosas ignoradas, anunciándole 
que era mujer, la inclinaron a la meditación y á la 
soledad. Cuanto habia sufrido en los largos años que 
pasó en el colegio! Que sola, que desamparada se 
hallaba al lado de sus compañeras siempre sonrientes, 
de cuyas alegrías no podía participar! Todas tenían 
madre, padre, hermanos, que las visitaban* que las 
llenaban de cuidados, una familia, en fin.... y ella; 
ah! ella no tenia nada mas que sus tristezas. Vívia de 
prestado. Había, es verdad* un hombre que pagaba su 
pensión, pero eso, ¿que era? Aquel señor era acaso su 
padre? No la mantenía de favor? Y Jo que ella queria 
era un afecto, uno solo siquiera* pero puro, desinte¬ 
resado, de esos que nacen en lo mas íntimo del alma, 
tiue sobreviven i todas las contrariedades, al través 
del tiempo y de ¡a distancia* y que solo se borran con 
la muerte! 

Por eso había sentido un profundo estremecimien* 
to que la había embargado por completo durante al" 
unos instantes, una mañana en que el viejo sacristán 
e la capilla, al concluir la misa, le entregó con mu¬ 
cho misterio, un papel doblado que ella retuvo en su 
mano instintivamente, casi sin ciarse cuenta de lo que 
hacía. Qué era aquello? Quién podía escribirle? 
Don Andrés no era seguramente, porque no se com¬ 
prendía que se valiese del sacristán para enviarle 
cartas, pediendo hablarla en el locutorio cuantas ve¬ 
ces quisiera ó remitírselas por intermedia de la di¬ 
rectora, Forzosamente la caria tenia que ser de otra 
persona. Ya iba á dar cuenta á la superiora, cuando 
una reflexión que se le ocurrió, Ja detuvo. Por- 
ué no podía ser de Ramón, su tio, á quien recor¬ 
aba vagamente y del que no tenía noticias desde 
que, según los informes de don Andrés, se había vuel¬ 
to á España á arreglar asuntos de familia? 

En su impaciencia por enterarse del contenido de 
la carta, las horas de estudio le parecían doblemente 
largas, creyendo que el minutero del reloj de la clase 
se retardaba, porque no lo veía dar vueltas en la esfera 
con la velocidad que sus deseos querrían imprimirle. 
Por fin h campana del reloj dió la hora del recreo, 
ue olla aprovechó para retirarse á su habitación, 
onde segura de que nadie, la veía, toda temblorosa, 
como sí cometiese una gran falta, rasgó el sobre en 
que estaba escrito su nombre con gruesosy mal perfi¬ 
lados caracteres, y, palpitando de emoción, con el 
aliento fatigoso y entrecortado, empezó la lectura de 
aquella caria origen de sus mayores desgracias. 

No se había equivocado en sus suposiciones, era 
Ramón quien la escribía. Al recordar aquella carta 
fatal que había decidido de su suerte, llevándola has¬ 
ta el parricidio^ un crispamiento nervioso, como una 
descarga eléctrica, recorría todo su cuerpo. ¿Por qué 
no había cedido al primer impulso* entregándola sin 
leerla á la superiora? Sin duda la fatalidad lo habla 
dispuesto asi, obligándola á cometer aquella falla, la 
primera de la larga cadena que concluía en el cri¬ 
men. Ramón, con un lenguaje brutal, propio de su 
temperamento, le relataba en la carta, sin omitir deta¬ 
lle alguno, toda 3a triste historia de su madre, reve¬ 
lándole el origen de su propio nacimiento ? y propo¬ 
niéndole sacarla ocultamente del colegio, si, como lo 
presumía, ella no se conformaba con vivir eternamen¬ 
te recluida, por un padre desnaturalizado, que ni si¬ 
quiera la legitimaba* después de haber muerto á pe¬ 
sadumbres a la autora de sus dias. 

Aurora se asombraba de la fortaleza de es¬ 
píritu con que había resistido estas revelaciones 
tremendas, y de la decisión enérgica con que se 
había resuelto desde aquel instante a seguir los con¬ 
sejos de Ramón, fugándose del convento, que le pa¬ 
recía cómplice de las infamias de su padre. Ahí nol 
no podía estar un momento mas en aquella cárcel, en 
que la Tenían encerrada, ni aceptar los mendrugos 
'ue su padre, aquel hombre infame, le arrojaba como 
e limosna, peor que de limosna, porque símenos el 
mendigo socorrido vé la cara y roza la mano de su 
bienhechor, y ella hacía mas de tres años* que solo 
sabia de Andrés por los informes que, de cuando en 
cuando, le daba la superiora. 

Cuando en sus reflexiones llegaba á la fuga del co¬ 
legio, y á los primeros tiempos que pasó con Ramón, 
sus pensamientos se aceleraban y se confundían, co¬ 
mo sí So que no había podido su voluntad, lo consi¬ 
guiesen los restos de su pudor, que se sublevaba al 
recordarlos ultrajes y los sufrimientos que le había 
impuesto ese otro miserable, digno hermano de su 
padre. 

Pero donde su delirio mental llegaba al colmo, 
donde su desesperación—que por desgracia suya sin 
producirlo arrebatos ni lágrimas, solo se manifestaba 
por una profunda concentración en sí misma—se hacía 
aún mas amarga, era al rememorar la noche fatal en 
que, enceguecida por un deseo devorador de vengan¬ 
za, habia ultimado á golpes de puna! al hombre que 
ella creía culpable de todas sus desdichas, incluso la 
de haber nacido! Esto era insoportable, Le parecía 
que su cabeza iba á estallar por la presión de sus ideas 


© Biblioteca Nacional de España 




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el diablo á cuatro 













































































que se revolvían sin descanso. Sentía una pesadez ar¬ 
diente, interrumpida por sacudimientos dolorosos, 
como sí un chorro de plomo fundido, ocupando el lu¬ 
gar del cerebro, chocase contra las paredes de su crᬠ
neo con fluctuaciones de marea. 

No podía resistir la contemplación de aquel espec¬ 
táculo horroroso, en que se veía clavando un puñal, 
con cruel saña, en el pecho de su padre, y tampoco se 
sentía con fuerzas para apartarlo de su imaginación. 
Sin movimiento, sin voluntad, padecía el mas horrible 
de los suplicios, sufriendo en silencio los inmensos 
dolores sin esperanza que la torturaban, falla hasta 
del consuelo de desahogarse en lágrimas, que sus 
ojos se empeñaban en no verter. 

De pronto, un grito ahogado se escapó de su gar¬ 
ganta. El cuadro se animaba. Veía á su padre, rígido 
hasta entonces, con la inmobilidad de la muerte, mo¬ 
verse lentamente en su lecho, romper las ligaduras 
que [o sugetaban, desatar el pañuelo que le cubría 
la boca, y avanzar hacia ella, con Sos brazos abier¬ 
tos, pal ¡do y ensangrentado. 

Y Aurora con Ja faz descompuesta, reproducía los 
gestos y los movimientos de! espectro, hasta que 
cuando ya le parecía que las manos de su padre La 
tocaban, prorrumpió en gritos de espanto, agitando 
sus brazos furiosamente,como si se debatiese en lucha 
desesperada con seres reales, imperceptibles para 
Ramón, que presenciaba aquella escena mudo de 
asombro y de pavor. 

Ricardo Usher Blanco 


cutar A sus anchas los movimieutos que le concedió 
la naturaleza. 

¿Verdad que sí? 

Contéstenme VV, con franqueza, aunque la res¬ 
puesta sea una falta de educación. 

Y no digo nada del buen tono } porque siendo una 
de las más culminantes manifestaciones de la estupi¬ 
dez humana, merece artículo aparte. 

Lo haré otro día. 


El vestido nos pare- 
cosa tan natural que 


¡ÍLs es imposible! 


El señor don Facundo 
se decidió á marchar a! viejo mundo; 
y para hacer mejor la travesía, 
pues del miedo era el lal la quinta esencia, 
á un diario se fue con gran urgencia, 
contratando en un sitio preferente 
el aviso siguiente: 

«Para España se marcha un caballero 
el ocho de febrero; 

Si algún sujeto quiere acompañarle 
ahorrándose el importe de! billete, 
puede pasar á hablarle 
hasta el miércoles siete. 

Vive el interesado 

en la calle Juncal, frente ai Mercado. 

Pasó uno y otro dia^ 
y el plazo iba tocando á su agonía 
sin hallar don Facundo 
quien quisiera ir con él al otro mundo; 
cuando á la media noche 
del prefijado siete de febrero, 
paro á su puerta un coche 
y descendiendo de él un caballero, 
el Llamador sonó con eco bronco, 
despertando al futuro pasajero, 
que á la sazón dormía como un tronco. 

El blando lecho abandonó Facundo, 
y con tono iracundo 
y con muy mala cara, 
pues tiritaba el infeliz de frío, 

—¿En que puedo servirle, señor mío? 
le dijo al que cruel le despertara. 

A lo que el caballero interpelado 

le respondió—Dispense que atrevido 

á media noche ven*a á molestarle, 

mas su anuncio he leído 

y á decirle he venido 

que A mí me es imposible acompañarle, 

C. Cano 


Pero poco A poco los adelantos déla moralidad 
ó el capricho de ¡a eterna coquetería indujeron á los 
hombres á cubrirse el cuerpo y á trapearse con paños 
deslumbrantes y abigarrados. 

Es la Asiría donde se 
encuentra uno de los 
más antiguos y más cu- 
riosos ejemplos de seme- 
;j \i jante transformación en 

ei aderezo * 

calida como la de Asina 
haría suponer que e! ves- 
tido estaba arreglado á 
o L . ella; pues nada de eso; 

¡? apesar del calor de su 

ttk' clima, los a sirios te- 

n * tn una v ” t ' m i en * 

\ ‘ preciso dar á ese 

hecho q ue nos P a ’ 

t j£' rece anormal una 

razón juramente sen 

^ Los hístoriadores 

J ' ^ ' nos enseñan que era un 

oprobio, aun para el mis¬ 
mo hombre, el dejarse 
ver sin vestidos. 

El traje parecía amplio y pesado, pero muy 
los elegantes no Llevaban sino paños de oro 
purpura, adornados con flecos y con joyas que com¬ 
pletaban la compostura. 

La parte de toilette qúe los Asirlos cuidaban mas era 
indudablemente el tocado. 

Rizados, pomadas, esencias perfumadas, nada se 
escatimaba; también las elegantes pasaban las horas 
en el arreglo de su cabellera. 

Haciendo punto en la descripción de los trajes pri¬ 
mitivos, por que me queda poco espacio, voy á descri¬ 
bir brevemente el traje aquí representado. Es de ben¬ 
galina sueca con rayado marrón. La pollera es recta, 
fa chaqueta ajustada sin cuello y cerrada al sesgo con 
una pasamanería matizada que viene á sujetarse de¬ 
bajo del brazo; a! talle un amplío cinturón enlazado, 
de salin marrón; la manga es achatada, adornada de 
un embuchado al hombro; y formando cuerpo con la 


¿Que un ciudadano cualquiera le arroja á V. un in¬ 
sulto de esos que te levantan á uno de cascos, ó le 
endosa^ sin ton ni son, un par de bofetadas? Pues la 
educación no le permite á V. cerrar el puño v dejar 
sin muelas al agresor; es preciso que V. se calle y se 
vaya tranquilamente á su casa, aunque le hierva la 
sangre; io contrario seria portarse como changa¬ 
dores. 

Eso sí, V. puede enviar luego un par de caballeros 
—que se llamarán padrinos—al domicilio de su ad¬ 
versario, con el objeto de invitarle cortesmente á que 
se dígne volverle á romper el alma en el terreno del 
honor. Y despees de todo, el otro se la rompe á V. 
sin ruido y sin escándalo, con lo cual dicen que la 
honra de V. está satisfecha, y que no debe V. acor¬ 
darse de aquellas bofetadas. 

Pero en cambio, todos dirán que V. tiene mucha 
educación. 

Pues ¿y con las señoras, quiero decir, con las mu¬ 
jeres? 

Es indispensable que les ceda V. la derecha, aun¬ 
que se ponga de barro hasta la rodilla ó tenga que 
exponerse á que le atropelle un coche ? ó a que le 
barra un barrendero; y no fume V. sin previo permiso 
en su presencia, y se abstenga de intercalar en el 
lenguaje esas palabras expresivas y enérgicas que sue¬ 
nan mal, según dicen, pero que pueden serle A V. 
necesarias para prestar animación al diálogo ó para 
expresar gráficamente una idea que, sin ellas, resul¬ 
taría incolora y zonza. 

La educación, en fin, no le permite á V. soplar las 
viandas, aunque se vea uno en peligro de abrasarse 
la laringe^ ni sonarse con estrépito aunque le falte la 
respiración, ni cazar una pulga que le acribilla á man¬ 
salva resguardada en un pliegue de! cuello de la ca¬ 
misa, ni romper la crisma á un quídam en el mismo 
momento en que se tome la übertad de galantear, en 
su presencia, á la señora de V., ni escusarse de dar 
un beso á un chiquillo, lleno de babas, que le pone á 
V. la mejilla como un mapa, ni presentarse en socie¬ 
dad con la camisa sucia, aunque no tenga V. otra, 
ni bostezar aunque le rinda el sueño ó se fastidie so¬ 
beranamente, ni. 

Reasumiendo: la educación es un grillete que apri¬ 
siona el pié del hombre civilizado, prohibiéndole eje- 


rico- 


La educación 


No hay quien me quite de la cabeza que con eso 
de las buenas formas estamos como lugareños con 
guantes. 

Tentado estoy á creer, como Rousseau, que el sal¬ 
vajismo es el estado perfecto del hombre; ó, por lo 
menos, el más cómodo. 

El progreso moderno es verdaderamente admira- 


© Biblioteca Nacional de España 


’! 





CARAS Y CARETAS 


95 



los dos vintenes di? harina láctea que exíje su nutrición, 
(Lá de cada ejemplar). 

Celebraremos que la campaña de Lúeas Gómez no 
nos ponga en el caso de decir lo que todos le dicen á 
su homónimo deS cuerno. 


chaqueta una pechera tableada de gasa muy tupida, 
encima de un viso de satín. El cuello es de satín 
marrón. 

Una esclavina de paño sueco con pasamanerías y 
flecado de ckenilks marrón hace juego con el traje 
para paseos. 

Hasta el domingo próximo. 

Madame PolIsson 


3No cabe duda: vamos progresando 
En cívicas virtudes y en prudencia, 

Y asi lo están ahora demostrando 
Los Padres de la Patria y de la ciencia. 

Las prácticas añejas van pasando. 

Ya no se oye la voz de la conciencia; 

Hoy con solo sonar Ja voz de mando 
Surje al punto el poder de la obediencia. 

No hay nada que dudar, caros lectores, 

El patriotismo de boy es tan discreto 
Que se muestra sin ruido y sin olores, 

Pellicerl con muchísimo respeto 
imitando á los viejos Senadores 
Le dejo ¡en gran reserva! este soneto! 

Juan Monga 


Un recorte: 

«La mujer, ser ideal 
que formo el genio profundo, 
es lo único en el mundo 
mágico, sublime y real,» 

([Mágico y real! De comprender no acabo. 
¡Ateme usted esa mosca por el rabo!) 

Y sigue: 

«La mujer, flor de este suelo 
rodeada de lindas galas, 
es un ángel qué sin alas 
ha descendido de el cielo.» 

(Los ángeles sin alas, 
aunque traígan por ripio lindas galas, 
siempre se exponen, al bajar del cielo 
á romperse la crisma contra e! suelo.) 

Sanos consejos: 

Sí vais al teatro y representan una obra 
aburra, emplead el tiempo en mirar á las 
que asisten á la representación; y si todas se 
üad gracias á Dios poique os Ubre de malas t 
nes. El que no se consuela es porque no quiei 


Cuando os sorprenda un marido en lo mas intere¬ 
sante de vu- stra conversación pon su costilla, procu¬ 
rad librar las vuestras, y bendecid á a Providencia 
que os aparta de dos calamidades: las iras del esposo 
y el amor de la mujer. De dos males se debe elegir.... 
ninguno. 


Con gran sentimiento, nos vemos obli- 
/p’ gados i suprimir las ilustraciones del Capi- 
^ tulo Víl, de Por seguir á un galgo. 
jvw Teníamos que optar entre suprimirlas ó 

| L ^ postergar la terminación del capítulo hasta 

el número próximo, pues su mucha extensión, 
aumentada con los dibujos, nos hubiera ocu¬ 
pado el espacio que destinamos á otros trabajos. 

Hemos preferido hacer lo primero para publicar el 
trabajo del Sr. Usher, hasta su terminación, en este 
número 

Perdonen, si tes ha contrariado. 


Entre el amor de una joven y el de una vieja, 
ferid siempre. ♦, e! premie grande de la lotería 
die es dichoso sino el que sabe serlo. 


he han iniciado trabajos con el lin de organizar 
una Comisión que arbitre recursos para ta adquisi¬ 
ción de una casa destinada á la familia de D. Eugenio 
Ruiz Zorrilla. 

El pensamiento no puede ser más plausible. 

Ruiz Zorrilla, como la mayor parle de los que vi¬ 
vieron para ser útiles, solo ha dejado á sus hijos el 
patrimonio de su buen nombre. 

Con el mayor gusto aceptamos la invitación que se 
nos ha hecho para formar parte de la Comisión en¬ 
cargada de realizar tan simpática idea. 

Y sirva á ustedes de ejemplo, el que nos presenta 
Eugenio Ruiz Zorrilla. 

Cuando piensen en llevar á cabo algún trabajo de 
mérito, ó en sacrificarse para bien del país, recuer¬ 
den que eso induce á morir pobre. 

Aquij como en todas partes, lo que conviene es ha¬ 
cer política y pregonar mucho e! patriotismo para que 
otros le tengan. 

El trabajo, las miras elevadas, tos buenos princi¬ 
pios y la honorabilidad., han quedado reducidos á ¡a 
categoría de cos¿is cursis. 

Ya lo saben, caballeros, 
háganse politiqueros. 


MBÍ&itiwEb . T Fuera de i escenario 
.'pp político, donde se si- 
V u\. ü ■*£ *¿¿ 1 ¡ guen repte s e n 1 a n d o 
con el mismo éxito de 
-j ',^ siempre hs comedias 
de nuestros mas inspirados 
W ' .í r * ''¡¡L - Pf mensajeros , no encontramos 

V ;ÍV * x novedades resaltantes que pue- 

dan dar interés á esta revísta 

teatral. 

La Compañía Gárgano que actúa en el Pohteama 
nos dio // Campando , la opereta en } actos de Teo- 
baldo Bellcvílle La Principesca Riáardo y la preciosa 
zarzuela en dos actos, de Ameta, Marina, en que la 
Borghi hizo ta protagonista y Accaucí el papel de 
Jorge. 

Para anoche estaba anunciada la opereta en 3 actos 
del maestro Rice i La Fasta di Piedigrotta, pero debe 
entrar en máquina este número algunas horas antes 
de dar comienzo al espectáculo y no es posible hacer 
crónica de ÓL 

Les Cloches de Cornevilk y La Gran Via llevaron todo 
el vecindario de la Aguada al Teatro Popular. 

Era de ver con qué entusiasmo se aplaudía á los 
ratas y cómo los traían á cuento para explicar la 
causa de nuestra crisis financiera. 

La orquesta húngara se embarcó para Río Janeiro, 
con botas y todos, por supuesto. Es de creer que en 
la capital del Ex-Imperio, sacarán más provecho de 
sus méritos artísticos, porque aquí pasaron las de 
Caín, representado en La persona de su empresario, 
según ellos. 

Se dice que la Compañía organizada por el tenor 
Antón para el Teatro de San Martin de Buenos Ai¬ 
res, vendrá á nuestro Politeama, es decir, al de Gra¬ 
dara y Carbone, una vez que termine la temporada 
de la Compañía Gárgano. 

También se dice que con la Compañía Antón hará 
su primera presentación ante nuestro publico (fuera de 
las iglesias) el famoso tenor español señor Aramburo. 

Si eso se realiza y el Banco convierte en Enero, 
podremos decir que en el breve plazo de tres meses 
se habrán visto en Montevideo las dos cosas que se te¬ 
nían por más imposibles. 

Del debut de ¡a compañía de opereta inglesa que 
dirijo el distinguido artista norte-americano Edwin 
Cleary, tampoco podemos decir nada, por haberse 
efectuado anoche. 

Probablemente en la semana próxima tendrá lugar 
el beneficio del conocido concertista de piano y com¬ 
positor orienta!, Dalmiro Costa. 

En el programa de la función entrarán los mejores 
elementos artísticos con que actualmente cuenta 
Montevideo. 

Me huele á lleno completo. 


Ha sido detenida una mujer 
por robar un jamón, 
j Ya no se puede ser 
amante de la carne de lechonl 
(Dicho sea, señores, con perdón). 


Con motivo de haberse expuesto al público en el 
bazar Sienra un retrato al óleo del popular 'cafetero 
San Román, relata un diario el percance que le ocu¬ 
rrió ai fundador de! Polo Bamba, en tiempo de la 
epidemia colérica que sufrimos cuatro;años atrás 

San Román, presa de un accidente cataléptíco fué 
tomado por muerto de cólera fulminante y conducido 
al Buceo en el carro destinado á ese servicio fúnebre. 

La ocultación del lapsus médico dicen que le valió 
cuatro mil pesos. 

Hoy por esa suma mas de uno se dejaría, no solo 
conducir al Cementerio en calidad de extinto, sino 
que le enterrasen vivo, aunque fuera por un mes. 

Apesar de la prima que le valió, San Romar no ha 
vuelto á dejarse sorprender por sus ataques nerviosos 
sin las precauciones debidas, y aconseja á sus intimos 
que las adeoten, diciéndoles: 

Un día, sin motivo, 

quisieron enterrarme estando vivo. 

El que quiera evitar tal desacierto 
que se deje, al morir, un ojo abierto. 

(O el único que tenga, si es un tuerto.) 


N D. —Solis ChicO“Eata. bien; bueno; si señor; le digo 
á. V. que ai- 

A. T. y H.-Rosarlo—DJoz... y diez... y emeo... íjus, 
toa T veinticinco reales nos debe Yí * 

C, a—Minas—Correo, detalles.—Ya sabe que se le 
estima. 

L. Q— Florida—No le llamo melón precisamente pero 
puedo V. ser otra fruta cualquiera. 

Atrevido — Monté vf deo—1Y tanto que lo es V[ Hace V. 
con ías haches lo que ie dá La roa 11 sima gana. 

Gargantua— Montevideo—De las seis quintillas que 
me ha mandado usted, media docena son malas de ver- 
da -1 3 Pero que malasi 

Tan-Tan— Montevideo—No se devuelven los origina¬ 
les; pero no pase V. miedo porque no pienso enseñárselo 
á nadie que se roce siquiera con la Justicia. 

Diapasón— Montevideo—Kso ea traído por los cábe¬ 
nos. 

Gü Bla¿— Montevideo. 

«Era un garañón con muermo y despelado..,* 

Pues, mire usted, me quedaba con el garañón mejor 
que con ans versos- 


Estoy viendo sobre la mesa dos composiciones de 
Juan {¡Monga y no puedo por menos de exclamar; 

—[Cielos! ¿Juan ¿Monga activo? [Algo ^rave va á 
suceder aquí! ¡Este fenómeno es inexplicable! 

Y después de hacer esta exclamación me recon¬ 
centraren mi mismo y me pongo á filosofar ^obre lo 
poco acertado que estuvo el Hacedor a! prodigar tanto 
la pereza á los que hacen tan bonitos versos y sátira 
tan fina. 


Era todo un caco Paco, 
cuando se casó con Paca, 
y por consecuencia saco, 
que siendo el marido caco, 

la mujer seria. 

* 

El domingo anterior, vio la luz pública el primer 
número de! semanario político que lleva por título 
Lúeas Gómez , ó sea la exclamación que todos hacemos 
en presencia de la crisis. 

Lar cuatro planas del nuevo colega vienen cuajadas 
de verdades contra e] Gobierno^ muy salerosamente 
dichas y con el desparpajo de quien no tiene pelos en 
la lengua. 

Con esta recomendación basta y sobra para que el 
público se interese en sostener al recien nacido, con 


ESPECTACULOS PARA HOY 


Nuevo Politeama— Com parí La Italiana de operetas córní 
cas y fantásticas—Hoy domingo 5 de Octubre—Beneficio 
de ía 1.* dama Sta„ vj atocina CdañJaa—2/ y 3 / acto de 
La opereta LA FÍGLIA DEL TAAiBURO MAGOIORE y re¬ 
vísta madrileña cómic o-II rica en uu acto LA GRAN VIA. 

Teatro 3olls—Compañía de ópera cómica inglesa—Em¬ 
presa: Edwin Cleary—Hoy domingo á Las s y media—THE 
PIRATAS OF PENZANCE. 

Centro Vascongado -Partido de pelota á mano limpia 
entre el Chico do EstelLa, Ezcurra y Tábano contra Jnan- 
cito, Marqulna y López.—A 50 tantos.—A laa £ l/Z p. m. 


© Biblioteca Nacional de España 




SARANOf 347 


Hace cajeado á medida, 
á naos precios muy baratos, 
y es la casa preferida, 
por ser la mejor surtida 
en botines y zapatos. 


Para hacer un buen regalo 
véle k Sieura sin dudar, 
porque tí lema, en su Bazar 
nunca tuvo nada malo. 


Su martillo ha demostrado 
que, de todos los que hay, 
es él mas afortunado, 
pues con él ha rematado 
la mitad del Uruguay. 


Sí te dice un bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no existe el vino mejor. 

Je puedes decir, Lector, 
que se lo cuente á su abuela 


Fotografía Inglesa 


Peluquería 

0 1S t>e julio núaí. 5 
Nadie k pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista-, 
que al ble de su navaja 
no hay pelo que se resísta. 


Uruguay 178 | i 

Es un médico especial, 
de quien diría cualquiera | 
que ha encontrado la manera 
de hacer al hombre inmortal. 


Zabida ¡54 

Llevó el martillo k Maesü, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra cosa, 
porque es bastante con eso. 


Rincón J 7 G 

Fotografía especial, 
en qúe se cópia á la gente, 
tan perfectisi mam ente, 
que parece natural. 


Empresa do Encomiendas 

orekito £07 

La Empresa que te presento 
te ruego, lector, que atiendas, 
porque hace la? encomiendas 
con la rapidez del viento. 


Francisco Rodríguez Alonso 

£5 DE AIAA'G NÚM. i 11 

Todo el que hace sus egresos 
en i a casa que propongo, 
lleva elegantes los quesos 
y no sufre demando upo* 


Procurador y ftamatador 

COLON NÚM. ms 
procura y re-mata 
con habilidad; 
por eso es que tiene 
popularidad. 


25 tía Me *0 370 

Pasteles y confitura 
y dulces “de ¡os mejores; 
en esta casa, señores, 
es todo vida y dulzura. 


ismHRf' 1 


CALLE RINCON 131 


¿//?(/CU 4 Yj£c 


Desde la princesa altiva 
á (v Qne ijcsca en ruin barca 
todo, este libro, lo abarca. * 
¿Habrá quien no se suscriba 
por el prado que se marca? 


Mercedes (r, Q.) ; " ,l ' 

Centro para suserírion 
de diarios,—librería 
taller de encuademación, 

;y además papelería. 

¡Casi un Larousse en acción 


Traída y Tres £10 

ll que lije La Industrial 
ea, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


íbicuy £57 

Kemata indistintamente, 
todo lo que el gremio abraca, 
pero muy especialmente, 
los animales de raza. 


Oficina; 18 de Julio 148 


Buenos Aires frente á Salís 

Nunca dÜérir podrá 
con facilidad usté, 
sino toma del cafe 
que sirve el Tupí-Nambá. 


Asunción ( Agueda ) 

Me com pro ll ie io á pro be r 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Su Alteza, 
el Príncipe de Bimnar* 


□enlistas Norlo-amari canoa 

CÁJÍAftAS J53 

firucias A los especiales 
estudios <Ip Prince é HiU, 
pueden comer mas de mil 
con sus d i en tes na tu ra lea 


Bacacay 7 

fíe pueden lograr tres fines 
en esta casa, lector: 
beber bien, fumar mejor, 
y lustrarse los botines. 


© Biblioteca Nacional de España